Publicada el 30 de Marzo del 2008 - 1132 Lectura/s
Para sacar el máximo provecho y evitar posibles riesgos hay que conocer muy bien su funcionamiento
Calor seco en la sauna y calor húmedo en el baño turco; en ambos casos el común denominador es la temperatura y la transpiración su fin. Ya no existe gimnasio o balneario que no cuente con estos dos espacios. Sin embargo, el invento no es nuevo. Desde la antigüedad, el calor se ha utilizado como terapia. Los mayas, los aztecas, los romanos y los griegos, amén de los turcos, ya usaban los baños de vapor en su vida diaria, algo que se sigue manteniendo en algunos países. En Finlandia, por ejemplo, la sauna está considerada casi como una filosofía de vida y son muy pocas las casas en las que no hay una. Si el baño público era en las antiguas civilizaciones un símbolo de alta cultura y prestigio, además de un lugar de purificación, en la actualidad prima su vinculación con el ocio y el cuidado del cuerpo.
Tanto el baño turco o hammam como la sauna tienen indiscutibles beneficios sobre la salud y el estado de la piel. Su uso regular permite prevenir enfermedades, dolencias o desequilibrios del organismo. Ambos son baños alternantes de calor y frío que se utilizan con fines higiénicos y/o terapéuticos. La diferencia estriba en que mientras en la sauna se da un calor elevado y seco, en el baño turco la temperatura es menor y mayor su grado de humedad, lo que hace que, en contra de lo que pueda parecer, en éste último se sude menos que en la sauna.
La explicación se halla en el propio funcionamiento corporal. Cuando la temperatura externa es superior a la del cuerpo, el organismo, para refrigerarse, suda, emite líquido a través de los poros dilatados, líquido que con su evaporación dispersa el calor y, por tanto, refrigera el organismo. Si la humedad del ambiente, como en el caso del baño turco, recubre toda la piel, no se suda porque el vapor de agua hace la función de dispersión del calor.
Baño turco
El baño turco o de vapor, también llamado hammam (baño, en árabe), se practica desde hace milenios. Se trata de un baño de calor húmedo en el que la temperatura no es uniforme; en el suelo hay entre 20 y 25 grados, a metro y medio unos 40 grados y otros 50 grados a la altura de la cabeza. Además, tiene una humedad relativa del 99%, que produce la clásica “niebla”. En estos habitáculos el calor se genera gracias al agua caliente que circula a través de cañerías y radiadores ubicados en las paredes de las salas.
Beneficios
El calor al que es sometido el organismo le obliga a acelerar sus funciones metabólicas: aumento de ventilación, aceleración de la circulación sanguínea y estimulación de los sistemas nervioso y hormonal, lo que produce una mejora general de la salud. Permite una mayor oxigenación y revitalización de los tejidos. Ayuda a retardar el proceso de envejecimiento de la piel. El vapor produce una equilibrada dilatación de los poros y procura una transpiración abundante que, además de eliminar toxinas e impurezas, estimula la circulación sanguínea. Con la dilatación de los poros de la piel, el vapor permite una limpieza profunda y duradera que deja la epidermis lisa y aterciopelada. Desde un vista terapéutico el baño turco humedece las vías respiratorias, es expectorante en caso de resfriado, tos y ronquedad. Además, ayuda a combatir la bronquitis, la sinusitis y otras afecciones de tipo respiratorio. Los pulmones y todo su sistema bronquial aumentan su capacidad de intercambio de oxígeno y ventilación general. Contribuye a la limpieza de los genitales femeninos., vulva y vagina y facilita la secreción del flujo vaginal. Las dismenorreas o menstruaciones dolorosas son siempre aliviadas por la acción del calor. Relaja el sistema nervioso., por lo tanto, tiene resultados muy beneficiosos para todas las personas que sufren de estrés, ansiedad, depresión, etc. Indicado para los adolescentes con acné. y para los hombres, porque alisa y suaviza la piel, lo que les facilita el afeitado. Es menos estresante para el organismo que la sauna, a pesar del efecto psicológico de ‘agobio’ que produce la ‘niebla’.
Precauciones con la sauna y el baño turco
La alta temperatura a la que se somete al cuerpo hace que el ritmo cardiaco se llegue a duplicar, pasando de 70 a 140 pulsaciones por minuto. Esto hace que la sauna y el baño turco estén contraindicados para ancianos, embarazadas y personas con problemas de salud (hipertensión, cardiopatías).
Se desaconsejan a quienes padecen trastornos de presión o a quien presenta problemas de venas varicosas.
Contraindicados para quienes sufren de dermatitis o problemas de vasodilatación.
También deben evitarlos las personas que padecen una enfermedad bronquial severa, epilepsia, anorexia o cólicos renales.