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Los masajes: caricias que relajan

Publicada el 05 de Marzo del 2008 - 775 Lectura/s

Suavizan la piel, alivian problemas musculares, favorecen la circulación sanguínea y, sobre todo, relajan. Los masajes no obran milagros pero constituyen una herramienta muy útil para desconectar de la vorágine diaria y liberar tensiones.

 El arte de tocar es instintivo. Un ejemplo: ¿qué es lo primero que hace un niño cuando se cae y se da un golpe? Además de soltar un sonoro berrinche, se lleva las manos a la zona dañada y la masajea en busca de alivio. Una respuesta innata ligada al ser humano desde el principio de los tiempos. Existen escritos que revelan que los chinos ya conocían los beneficios del tacto y el masaje en el año 3000 a.C. Fueron los primeros, pero no los únicos: helenos, egipcios, romanos e hindúes desarrollaron, a su manera, diferentes técnicas de masaje a lo largo de la Historia. Las modalidades de masajes que actualmente podemos disfrutar derivan de los conocimientos recopilados por estas antiguas civilizaciones.
Recibir un buen masaje es una de las acciones más placenteras que podemos experimentar. No obra milagros pero permite aliviar el malestar físico –dolores musculares y reumáticos, contracciones...– y liberar la tensión mental ocasionada por el estrés. Además, suaviza la piel y ayuda a eliminar arrugas y celulitis.

 El masaje proporciona una sensación de relax y hace que se disipen las tensiones y preocupaciones
Pero cuando mayor satisfacción otorga un masaje es, posiblemente, cuando se utiliza como instrumento de relajación. El masaje también es una forma de comunicación que permite al masajista conocer el estado físico e incluso el estado anímico de la persona a la que está tratando y, de esta forma, aplicar la técnica más adecuada para aliviar las posibles dolencias.

Aunque existen muchas clasificaciones, podemos distinguir dos principales tipos de masaje: terapéutico y relajante. El masaje terapéutico entronca con la cultura oriental, que lo integra como parte del proceso curativo. La quiropraxia –manipulación de zonas concretas de las vértebras–, la reflexoterapia –presionar las terminaciones nerviosas de brazos y pies–, el shiatsu y el masaje sueco son algunos de los masajes englobados en esta categoría. El relajante, por el contrario, no pretende curar; como su propio nombre indica, persigue únicamente la relajación del receptor.
Después de un duro día de trabajo acumulando tensiones, ¿no sería fantástico llegar a casa y poder recibir un masaje relajante? Un sueño que puede hacerse realidad siempre y cuando seamos nosotros los primeros en ponerlo en práctica. Ya sabes, dar para recibir. Tu pareja te lo agradecerá eternamente.
Aplicar una masaje relajante en nuestro hogar no nos capacita para tratar patologías médicas. Si la persona que recibe el masaje padece algún tipo de dolencia debemos acudir a un especialista, ya que éstas deben ser tratadas exclusivamente por un fisioterapeuta diplomado. Pero no hay que esperar a que aparezca una lesión para acudir al especialista. Si creemos que un dolor o una molestia persistente es síntoma de que algo no va bien, habrá llegado el momento de ponerse en manos de un fisioterapeuta.

Beneficios del masaje relajante
Los beneficios del masaje relajante se notan tanto a nivel físico como psíquico:

Los músculos: recuperan la elasticidad y desaparecen los signos de tensión muscular.
El sistema nervioso: el masaje proporciona una sensación relajante y hace que se disipen las tensiones y preocupaciones.
El sistema circulatorio: activa la circulación sanguínea y aumenta el envío de oxígeno a los tejidos.
La piel: el peeling o fricción de la piel al masajearla con las manos ayuda a liberar los desechos y a eliminar las células muertas.