balon
Acceso socios

Suscríbase al boletín
Suscríbase a nuestro newsletter y recibirá las últimas noticias y promociones

Dormir más y mejor, nueva arma contra la obesidad

Publicada el 18 de Febrero del 2011 - 1492 Lectura/s

• El Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn)  recuerda la importancia de la relación causa-efecto entre los trastornos del sueño y el desarrollo de la obesidad a fin de combatir el sobrepeso infantil.

• La alteración de los ritmos circadianos, especialmente en la infancia, podría favorecer la aparición del sobrepeso. Y a la inversa, la obesidad incrementa el riesgo de sufrir trastornos del sueño, como el insomnio, los ronquidos o la apnea.

• Hecho que se confirma al observar el comportamiento de las dos principales hormonas que regulan el apetito: la falta de sueño incrementa la producción de ghrelina (conocida como la hormona del crecimiento, que aumenta las ganas de comer) y disminuye la de leptina (también llamada de la delgadez, que suprime el apetito).

Alrededor del 10% de la población mundial padece ronquidos y apnea, y en países con altos índices de población con exceso de peso, como México, esa cifra sube al 15%. Este dato revela la relación directa que existe entre la obesidad y los trastornos del sueño y constituye una de las razones por las que el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) ha querido abundar en este asunto. Recientes avances del Consorcio certifican que la alteración del ritmo circadiano, especialmente los períodos de sueño-vigilia y los trastornos del sueño en la infancia, juegan un rol importante en los desajustes hormonales que condicionan la aparición del sobrepeso. Por ello, desde la Red de investigación señalan la importancia de tener una buena higiene del sueño que permita a los afectados mejorar la cantidad y calidad de su descanso y llevar una vida más saludable.

Dormir más y mejor, nueva arma contra la obesidad infantil
El papel del sueño fisiológico y sus alteraciones en la génesis del síndrome metabólico y el desarrollo de la obesidad y diabetes tipo 2 ocupan una de las líneas de trabajo del grupo santiagués del CIBERobn dirigido por el endocrinólogo Felipe F. Casanueva. En este sentido,  estudios tendentes a buscar medidas correctoras y terapéuticas  han evidenciado que una elevada proporción de niños obesos presenta una disminución en las horas de sueño, ya sea por pasar muchas horas delante del televisor, ordenador o videoconsola o por presentar algún tipo de trastorno, como la apnea, el insomnio, los ronquidos o el sonambulismo. 
Y aquí surge una pregunta: ¿es la falta de sueño causa o consecuencia de la obesidad infantil? son factores que están estrechamente ligados ejerciendo entre sí una relación de causa-efecto.

“Estudios recientes han demostrado que dormir una hora adicional por la noche ayudaría a controlar la obesidad infantil, manteniendo un índice de masa corporal más bajo y estar menos expuestos a la obesidad los cinco años posteriores. Además se ha constatado también que sólo una hora de más disminuiría hasta un 36% la posibilidad de que los niños sufran sobrepeso” apunta la Dra. Empar Lurbe, investigadora de la red consorciada especializada en nefrología pediátrica.


Las hormonas también necesitan dormir 
Existe una explicación química al hecho de cómo se comporta nuestro organismo durante el sueño. Al parecer, la falta de sueño influye en varias hormonas que regulan el apetito. Así por ejemplo,  se aumenta la producción de ghrelina y disminuye la de leptina, lo que hace que la gente coma más. 
Para explicar las variaciones hormonales que sufre el cuerpo cuando no duerme bien, la investigadora principal del CIBERobn, Empar Lurbe,  afirma que son principalmente estas dos proteínas las que se ven afectadas por los trastornos del sueño, la leptina y la grelina, que están implicadas en la regulación del apetito. La grelina es producida principalmente por el estómago y aumenta las ganas de comer. La leptina es generada por las células grasas e indica la falta de reservas metabólicas y la necesidad de consumir más calorías. 
Según un reciente estudio de la Universidad de Stanford, las personas que duermen menos de 5 horas, comparado con aquellas que duermen 8, producen mayores niveles de grelina y descenso en los de leptina. La consecuencia más importante de estas alteraciones neuroendocrinas es el aumento del apetito, especialmente por alimentos hipercalóricos y ricos en hidratos de carbono, para intentar sustituir la energía que no se recuperó por la falta de un sueño reparador. Y esto acaba provocando una sobrealimentación y, en último término, ganancia de peso. 

Existen múltiples investigaciones que avalan esta tesis. Así, un estudio realizado en el Hospital Universitary Germans Trias I Pujol y publicado en la revista Obesity, señala que los pacientes con niveles elevados de grasa abdominal tienen tres veces más riesgo de sufrir esta patología que el resto y en la mayoría de los casos, “los pacientes obesos que pierden 10% de su peso reducen el índice de apneas en un 26%”, apunta la Dra. Lurbe. Incluso en personas con sobrepeso leve existe una interacción entre la deuda de sueño y el peso.

Medidas de higiene del sueño
A tenor de lo expuesto, el CIBERobn constata que las personas tienden a comer más cuando no duermen bien, aparte de que los trastornos del sueño interfieren con los mecanismos de control del metabolismo que regulan el apetito y los niveles de actividad física. Por tanto, la falta de sueño o su mala calidad deriva en una disminución sustancial del ritmo metabólico y la caída en los grados de ejercicio físico, lo que incide en el acopio de grasa. 

Por consiguiente, para evitar la acumulación excesiva de grasa, conviene llevar una dieta limpia y con bajos niveles de azúcar; realizar ejercicio de forma regular y, sobre todo, dormir más, porque constituye un factor de gran importancia en la regulación del peso y la composición corporal.

En el caso de la niñez, la obesidad infantil es un problema de primer orden que mantiene ocupada a la comunidad médico-científica en la búsqueda de soluciones. A la práctica de ejercicio y una dieta equilibrada, se suma otro elemento a tener en cuenta: dormir más. Los niños que duermen bien tienen menos incidencia de obesidad y ocho horas no llegan para un sueño reparador, situación que ha empeorado con los años, realidad que tiene un reflejo directo en nuestras estadísticas: entre el 25 y el 30% de los niños padece algún trastorno del sueño.

Entre las medidas de higiene del sueño, desde el CIBERobn se recomienda que los adultos duerman de 6 a 8 horas diarias y los niños hasta 10. Además, es importante no disponer de televisor dentro del dormitorio, ni leer en la cama; tampoco ver películas o programas que estimulen la actividad cerebral una hora antes de acostarse, y no consumir café o tabaco después de las cinco de la tarde.