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Haz deporte y llénate de vitalidad

Publicada el 30 de Noviembre del 2007 - 946 Lectura/s

Nuestro cuerpo es una máquina que necesita combustible para funcionar a pleno rendimiento. El deporte, junto con una correcta alimentación, nos permite afrontar cualquier actividad diaria con vigor, sin fatigas. En idea sana te explicamos por qué la práctica regular de ejercicio físico contribuye a mejorar tu calidad de vida.

¿Quieres sentirte lleno de vitalidad? La receta es sencilla: cuida tu alimentación y practica algún deporte de forma regular. Así de simple. Estar en una buena forma física significa poder realizar las actividades cotidianas con vigor, sin fatigas. De todos es sabido que, a cualquier edad, el ejercicio físico ayuda a mejorar nuestra calidad de vida. Sus beneficios sobre la salud son incuestionables: activa la circulación sanguínea, disminuye la presión arterial, refuerza el corazón, mejora la elasticidad y ayuda a liberar tensiones. Además, la práctica del deporte mejora la vida sexual y favorece la conciliación y la calidad del sueño. Todo ventajas.
Nuestro cuerpo es una máquina perfectamente diseñada. Pero no funciona sola: necesita energía. Los seres vivos obtenemos la energía a partir del aire que respiramos y de los alimentos que tomamos. Si seguimos una alimentación adecuada y respiramos correctamente, nuestro cuerpo obtiene la energía que necesita. Por ello, las actividades físicas más recomendadas para iniciarse en la práctica del deporte son las aeróbicas –basadas en el aporte de oxígeno inhalado mediante la respiración para la obtención de la energía– que ponen en funcionamiento grandes masas de músculos, como el footing, la natación, el ciclismo y el esquí, entre otros.

Oxígeno, energía gratuita
Una vez que la práctica de ejercicio pasa a formar parte de nuestros hábitos cotidianos, la respiración se vuelve más profunda y las células de los músculos reciben más oxígeno para funcionar más y mejor; aumenta nuestra capacidad de resistencia y disminuye el tiempo de recuperación tras realizar un esfuerzo. Además, al llegar más sangre al cerebro se refuerza el sistema inmunológico.


Aprovecha tu tiempo libre para respirar el aire más sano que encuentres: Si es posible, lejos de la polución que contamina los núcleos urbanos. Si por falta de tiempo no puedes trasladarte al campo, decántate por el parque más grande y con más árboles de tu ciudad.
Empieza el día con energía: Cuando te levantes, dedica diez minutos a realizar una tabla de estiramientos, abdominales y flexiones. El ejercicio físico es el mejor despertador para que tus células se activen. Éstas reciben una saludable ducha de endorfinas que hará que te sientas con más vitalidad cada mañana.

Practica una hora de deporte al día: Nuestros músculos necesitan ejercicio, y más en estos tiempos en los que nos pasamos sentados ocho horas frente al ordenador y el paseo más largo que damos al día es el que nos lleva hasta la máquina de café. Si correr, nadar o pedalear en solitario supone en handicap para que te animes a practicar deporte, prueba a jugar en equipo: nadie se resiste al aumento de energía y adrenalina que supone ganar la liga de fútbol del barrio con los amigos.
Cualquier actividad física supone un gasto de energía para nuestro organismo, y cada práctica deportiva requiere un aporte energético específico dependiendo del tipo, intensidad y duración del ejercicio. Cuando practicamos deporte debemos aumentar el consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono –arroz, maíz, cereales en copos, galletas, pan, pastas, patatas, legumbres– del 55% habitual a un 70% del total de la dieta, ya que cuando se agotan las reservas aparece la temida ‘pájara’. Respecto a las proteínas, no es preciso ingerir cantidades extras, y en cuanto a las grasas, disminuiremos ligeramente su porcentaje en la dieta.

Organismo hidratado
Por otro lado, también debemos procurar mantener el organismo hidratado adecuadamente. La deshidratación influye negativamente en el rendimiento físico y puede llegar a provocar mareos, náuseas, vómitos y diarreas.
Si sueles practicar ejercicio por la mañana, no olvides tomar un desayuno equilibrado que incluya líquidos en abundancia, como leche y zumos. No esperes a sentir sed para hidratarte. En cualquier caso, toma líquidos una o dos horas antes de comenzar la actividad física. Otra recomendación para mantener el cuerpo hidratado es hacer un descanso cada sesenta minutos, aproximadamente, para ingerir alimentos que aporten energía –las galletas y las onzas de chocolate son fáciles de llevar encima– y beber abundantes líquidos.

Idea Sana - Fundación Eroski