Publicada el 08 de Noviembre del 2010 - 1623 Lectura/s
Publicado en La Vanguardia, el 07-08-2010.
LA ALIMENTACIÓN INFLUYE EN EL ESTADO DE ÁNIMO
La relación de las personas con la comida es uno de los elementos que
contribuyen a la diversidad cultural del ser humano, a la riqueza gastronómica
repleta de sabores, de aromas, de texturas y de matices. La interacción que
cada uno tenemos con los alimentoses peculiar y
específica, es un regalo para los sentidos, un placer individual que adquiere
una dimensión especial cuando se puede compartir alrededor de una buena mesa.
Pescado con anestésico
Por desgracia, los
alimentos, no sólo aportan los nutrientes necesarios para vivir, sino que
también pueden desencadenar o empeorar enfermedades, desde la gota por el
consumo excesivo de carne o de marisco, hasta crisis de migraña después de un
atracón de chocolate o quesos, pasando por los problemas circulatorios
derivados de un consumo elevado de sal o de ingerir cantidades importantes de
grasas saturadas. También sabemos que, en ocasiones, el cerebro modifica la relación de las personas con los
alimentos, lo que conduce a excesos como la bulimia por falta de control en lo
que se ingiere o, en el otro extremo, la anorexia; así, pues, algunas disfunciones
cerebrales modifican la forma de comer. Pero ¿es cierta la relación inversa?
Los alimentos ¿pueden afectar a la conducta?
Jean Jacques Rousseau afirmaba que "es un hecho que las personas que comen
mucha carne son por regla general más crueles y feroces". "Qui menja
sopes, se les pensa totes", dice un refrán catalán, refiriéndose a los
supuestos efectos beneficiosos de la sopa para ser avispado; "Barriga
llena no estudia de buena gana", comentan otros. Néstor Luján, en su Diccionario Luján de gastronomía catalana (La Campana, Barcelona,
1990) recoge la opinión de los médicos medievales sobre las lentejas: provocan
epilepsia y locura, y esta creencia ha perdurado a lo largo de los siglos en
algunos lugares. El refranero recoge desde antaño los efectos de la
alimentación sobre el humor; sin embargo, los científicos han sostenido que era
absurdo pensar en una relación entre ladietay el funcionamiento del cerebro. ¿Sigue siendo así?
Nutrición y salud mental
Isla Mauricio se encuentra en el océano Índico, sobre el trópico de
Capricornio, y fue puerto de marineros árabes, portugueses, holandeses,
franceses e ingleses, que colonizaron sucesivamente sus escasos 2.000 km2de superficie. Isla Mauricio es conocida mundialmente por ser el único
hábitat natural del extinto pájaro dodo, pero en el ámbito de la salud pública
también ostenta la unicidad por ser el lugar donde se está siguiendo una
cohorte de 1.795 niños nacidos allí en 1969. Peter Venables y Adrian Raines son los investigadores principales del
Mauritius Child Health Project, que estudia los factores asociados a
alteraciones mentales, mediante el seguimiento exhaustivo de un grupo muy
amplio de niños desde su nacimiento, con la finalidad de poder prevenirlos. Uno
de los resultados centrales de este estudio es la identificación de la
malnutrición en la infancia como factor de riesgo de algunas alteraciones
futuras. La serie de Isla Mauricio ha permitido observar que una dieta mejor
reduce la aparición de alteraciones de la conducta en un 53% y la
hiperactividad en un 41%.
Numerosos artículos describen asociaciones entre diversos componentes de la
dieta –incluyendo micronutrientes como el zinc o derivados de la vitamina B– y
alteraciones cognitivas o disfunciones cerebrales. En la actualidad se está
tratando de estudiar cuáles de estas asociaciones son puramente casuales y
cuáles podrían tener un fundamento causal.
Una de las áreas en las que se ha avanzado más es la posible relación entre la
degeneración neuronal, el envejecimiento y los estados depresivos. El auge de
este tipo de investigaciones se debe a la idea de que, hacia el año 2050, cerca
de un 30% de la población mundial tendrá más de 65 años, y las alteraciones
degenerativas serán un problema mucho más importante que en la actualidad. En
esta línea, James Joseph, científico del Centro
de Investigación sobre Nutrición Humana en el Envejecimiento de la Universidad
Tufts en Boston, acaba de publicar una revisión de los estudios existentes
sobre la relación entre la degeneración neuronal, el cerebro y la nutrición.
Concluye que es importante ingerir regularmente sustancias con efecto
antioxidante (como los polifenoles) porque a medida que avanza la edad, nuestro
cerebro se vuelve más sensible al estrés oxidativo, de modo que parece
recomendable seguir una dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados como los
que contienen el pescado o los frutos secos. Además, la mayoría de los autores
coinciden en recomendar una restricción del aporte diario de calorías para
mantener las funciones cerebrales cognitivas en un estado óptimo.
Atentos a los omega-3
El denominado trastorno por déficit de atención/hiperactividad es una entidad
controvertida que se describió por primera vez en 1902 bajo el nombre de
"disfunción cerebral mínima", a causa de la levedad de los síntomas y
la incertidumbre del diagnóstico. Un siglo más tarde el panorama ha cambiado
mucho gracias, sobre todo, a dos circunstancias: el hecho de que ese nombre
–abreviado a menudo como TDAH– aparece como un diagnóstico en el conocido
diccionario de enfermedades DSM desde la versión III de 1980, y también al
hecho de que se han comercializado medicamentos costosos específicos para este
trastorno.
En la búsqueda de las causas que podrían explicar la dificultad para la
concentración, varios autores han investigado factores nutritivos. En este
sentido, el psiquiatra Javier Quintero, del Hospital Infanta
Leonor de Madrid, y su equipo han analizado el posible efecto de la dieta
actual –deficiente en ácidos grasos omega-3 comparada con la dieta previa a la
industrialización– sobre el crecimiento, el desarrollo del tejido cerebral o
conductas concretas (como rabietas, cambios de humor o alteraciones del sueño).
Según estos autores, los estudios actuales apuntan a esa relación, aunque
todavía no son concluyentes. En otras palabras, como suscribe la doctora Natalie Sinn, del Centro de Investigación en Fisiología de la
Dieta en la Universidad de South Australia, no se trata de empezar a dar
suplementos de ácidos grasos omega-3 a los niños inquietos, sino procurar que
la dieta cotidiana contenga más ácidos grasos omega-3 de los que ingerimos,
algo que sin duda será beneficioso para todos, los niños movidos, a quienes les
cuesta mantener la concentración, y también todos los demás.
Glucosa y autocontrol
En Espalda y emociones, el osteópata David Ponce describe las consecuencias de la
acumulación de sustancias excitantes que ingerimos a lo largo del día a partir
de lo que gráficamente llama "efecto Sue Ellen", en referencia a la
protagonista de la serie televisiva Dallas –que siempre tomaba una copa para
relajarse antes de irse a dormir–. Tras un día de trabajo intenso y largo,
cierta cantidad de alcohol al terminar una cena más o menos copiosa produce un
efecto relajante que, a la madrugada siguiente, tiene que revertirse con una
buena dosis de café (a menudo potenciada con la nicotina de algún cigarrillo) y
el azúcar (en el mismo café, en la bollería que comemos para desayunar, o con
la bebida de cola que tomamos a cualquier hora). Para contrarrestar este estado
de excitación continuada y poder conciliar el sueño, habrá que ingerir alcohol
de nuevo la noche siguiente, y así sucesivamente. Cafeína, nicotina, azúcar y
alcohol, cuatro elementos que, cuando dejan de tomarse únicamente para
saborearlos, se convierten en malos compañeros.
Especial atención merece la glucosa, un compuesto indispensable para numerosas
funciones vitales y que es casi la única fuente de energía del cerebro, adonde
llega a través del flujo sanguíneo. El cerebro requiere glucosa para poder
llevar a cabo de manera eficiente sus múltiples tareas, desde recibir y
procesar la información de los sentidos hasta funciones superiores como pensar,
recordar o planificar, pasando por el complejo mantenimiento de la homeostasia
de todo el cuerpo. Lo curioso es que hay una tarea que requiere un aporte
especial de glucosa: el autocontrol.
Matthew Gailloty Roy Baumeister, dos psicólogos de la Universidad estatal de Florida,
han realizado un exhaustivo estudio de la conducta en centenares de personas
que les ha permitido concluir que unos niveles de glucosa adecuados y
constantes son fundamentales para poder ejercer el autocontrol –la capacidad de
frenar los impulsos y las respuestas automáticas de una manera consciente, algo
que resulta esencial para el buen funcionamiento tanto individual como social,
para facilitar la cooperación y la armonía entre los grupos humanos–. Esto
podría explicar algunas de las conductas que se observan tras reuniones largas
en las que la hipoglucemia hace mella en los participantes y aumenta la
probabilidad de que aparezcan respuestas fuera de tono o discusiones cuyo
origen es a menudo el cansancio mental.
Sin embargo, hay que aclarar de inmediato que glucosa no significa
necesariamente hidratos de carbono refinados; debemos recordar que el organismo
es capaz de obtener glucosa de otras fuentes, como las proteínas o la fruta.
¿Vamos hacia una neurogastronomía? Por el momento, quizás no se trate tanto de
que los chefs tengan una formación en neurociencias ni de que haya restaurantes
con menús para moldear el estado de ánimo, sino de ser conscientes del valor de
una dieta equilibrada sobre la silueta o la salud cardiovascular, pero también
sobre las emociones y el estado de ánimo. Y, mientras tanto, no olvidar que los
intestinos y el humor pueden jugar malas pasadas cuando, en lugar de sentarnos
a la mesa como se merece una buena comida, lo hacemos como una rutina, de prisa
y corriendo, pensando sólo en el trabajo y enfrascados en la ansiedad o en eso
que llamamos estrés cotidiano.
¿Escarabajos afrodisiacos?
Uno de los grandes misterios de la "neurogastronomía" hace
referencia al poder afrodisiaco atribuido a decenas de alimentos distintos.
Probablemente todas las culturas cuentan con alguna sustancia o preparado que,
con el beneplácito de Afrodita, provoca efectos estimulantes sexuales. En la
mayoría de los casos se trata de asociaciones simples y sin fundamento, porque
la forma de estos alimentos recuerda los órganos sexuales masculino o femenino;
sin embargo, a veces son productos que contienen alguna hormona o droga.
Uno de los afrodisiacos que cuentan con devotos desde la antigüedad es la
cantaridina, una sustancia con propiedades vesicantes extraída de un coleóptero
de color verde fosforescente también conocido como "mosca española".
En los mercados de varios países del Sudeste Asiático como Malasia o Tailandia,
es habitual encontrar puestos que ofrecen escarabajos, cucarachas o enormes
ciempiés fritos; destaca un tipo de gorgojo (Palembus dermestoides) que se consume vivo precisamente
con la idea de aprovechar mejor los efectos de la cantaridina.